Tantas veces se ha hablado de la brecha entre la educación privada y la municipalizada, que a medida que transcurren los años, vemos que el modelo que ha permanecido desde comienzos de los años ochenta nos ha llevado por un camino que cada vez es más difícil abandonar. “Esto es lo que hay” y lo único que se puede hacer es mejorar las terminaciones del edificio cada vez más alto, pero jamás hablar de derribar lo ya construido, donde se ha invertido tanto tiempo y dinero, que por lo demás, sería una dinamita en la credibilidad de los que defienden este modelo. Discusiones acaloradas a todo nivel, repetidas discusiones llegando a la agresión verbal. Detrás de cada lenguaje violento hay una necesidad, necesidades que no van al objeto, sino al sujeto en quien a veces nos damos cuenta que ese sujeto es uno mismo; la necesidad de ser reconocido, la necesidad de amor, la necesidad del yo.
Se transforma ésto entonces, en algo que se debe defender a toda costa por motivos distintos a las posibles buenas intenciones elaboradas en el comienzo, motivos que sólo intentan eludir la responsabilidad de aceptar el fracaso por un interés personal, es decir, todo se ha desvirtuado y el maquillaje suele ser lo mejor para la ocasión.
Tanto es así, que desde el DEMRE (departamento de evaluación, medición y registro educacional) se ha estado entregando “incentivos” durante diciembre, a través de los municipios a las familias y alumnos que cursan la enseñanza básica y media; léase útiles de clases y bonos para zapatos escolares a alumnos de escuelas municipalizadas para retenerlos en la educación pública. ¿Qué nos dice ésto? Que la educación se transformó hace mucho tiempo en negocio. El ministerio entiende que debe realizar ofertas para retener estudiantes del sistema público, casi como si fuera una góndola en una caja de algún supermercado esperando la típica compra impulsiva. Ellos saben perfectamente lo que está sucediendo y seguramente están tratando de que la transferencia de la educación a manos privadas, sea la más gradual posible. Bueno, esas son las señales que cada vez estamos recibiendo en el gran tema que es la educación.
Pese a ésto, les puedo asegurar que las Escuelas públicas que estén en un sector donde hay colegios particulares subvencionados en un radio de un kilómetro, se verán disminuidas sus matrículas para este año.
Las diferencias que existen con Finlandia (que aporta casi lo mismo en materia presupuestaria que Chile en educación) son claramente abismantes. La educación es obligatoria en el país escandinavo, abarca nueve años (seis de primaria y tres de secundaria) y es gratuita. Menos del 5% de los alumnos asiste a instituciones privadas. Incluso, no hay ninguna universidad privada: todas son estatales. Hay un profesor para 16 alumnos en la etapa primaria y en la secundaria 13 escolares por cada profesor. Cifras muy lejanas a las chilenas, donde hay un profesor para 30 alumnos o más. En ese país, de hecho, es donde hay menos diferencia entre los escolares con buen y mal rendimiento. Esto se debe a que los profesores trabajan de forma personal con quienes se retrasan. En Finlandia, la pedagogía es una de las carreras más prestigiosas junto a medicina, por lo mismo es muy demandada. Además, los docentes están obligados a tener por lo menos un título de máster, que se alcanza en cuatro años de estudio.
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