Quizás marzo haya sido el mes de la energía nuclear. No recuerdo haber escuchado a tantos expertos y medios de comunicación tocar este tema desde el año 1986, con el desastre de Chernobyl.
Claro, ahora fue Japón. No bastó con el terremoto y maremoto, se sumó a ello, algo que por generaciones llevan en lo más profundo de su ser, las bombas en Hiroshima y Nagasaki, y lo recuerdan cada año en silencio con un campanazo que se escucha en todo el país. Esto ocurrió justo cuando en Chile se discutía la diversificación de nuestra matriz energética y el ministro Golborne iniciaba los convenios con Francia y EE.UU. para capacitar a ingenieros chilenos (proyecto de nombre: “entendimiento sobre operación en energía nuclear”) y estudiar la posibilidad de que en nuestro país se instale una planta nuclear que abastezca a gran parte de él.
Cuando el ministro Golborne afirma que Chile debe buscar otras fuentes de energía y que las energías renovables no alcanzarían a cubrir la necesidad del país, hago el siguiente análisis: Chile es un país rico en recursos naturales, tenemos al sur la reserva de agua más grande del mundo y varios ríos caudalosos (Hidro), la segunda cadena de volcanes más numerosa del mundo, después de Indonesia (Geo), el desierto más árido del mundo (Fotovoltaico o Solar) donde las piedras se pulverizan con la gran oscilación térmica que se produce, tenemos una de las costas más extensas del mundo (Mareomotriz), donde además existe un gran número de lugares donde el viento se hace presente a diario (Eólica). Si nuestro país no posee las condiciones necesarias para generar su propia energía, coincidirán con la pregunta ¿Y dónde entonces?
Lo que nos han dicho, es que la energía nuclear es limpia, barata y sin riesgos. No son ni limpias (basta ver el ejemplo en Japón), ni barata, y el riesgo ya está más que comprobado ¿cierto? Construir una planta nuclear en Chile, el país más sísmico del mundo, ¿en qué estaban pensando por Dios? Sólo un ejemplo, las plantas geotérmicas pueden llegar a costar un 50% más baratas que las plantas de energía nuclear, ni hablar de las de ciclo combinado que llegarían a un 80% más barata. Chile tiene un potencial geotérmico espectacular; más de 3.000 mega watts con un potencial de 16.000, sin el uso de combustible.
Tuvo que suceder una desgracia en Japón para que el Gobierno de Chile que no es proactivo sino reactivo, descartara la opción de instalar una planta de energía nuclear en el país. Haber sostenido que los convenios firmados con Francia, y ahora Estados Unidos son para estudiar usos civiles medicinales no energéticos, o en la agricultura, no sólo no aportó en nada al debate, sino que fue una afrenta a la inteligencia de la ciudadanía nacional. Ni el grupo Luksic ni el ministro Golborne viajaron a Francia, Bélgica y otros países nucleares a visitar hospitales, ni granjas. Que no nos engañen.
Ahora… “no puedo creer que la única alternativa a una inminente crisis energética en Chile sea convertir a la Patagonia en una “guitarra eléctrica” -como lo ha expresado de manera tan gráfica, el senador Horvath-. El “Yo o el caos” ha sido reemplazado por “Nosotros o el apagón”. No se puede pensar bien desde el miedo.
Existe una falta de visión y previsión inexcusables. Tal vez el precio del cobre de las últimas décadas, el flotar sobre plata fácil, nos ha hecho dormir en los laureles. Súmese a eso, una clase política que ha privilegiado sus agendas de corto plazo en vez de focalizarse en los temas estratégicos que de verdad importan. Sólo se escuchan ideas hechas y fatalismos en el debate. Falta estudio, investigación, entrar a fondo de verdad en los temas, y no cuando el terremoto o el apagón o el incendio inminente hacen imposible ver y elegir con calma por dónde arrancar. Además, hay una tendencia a resolver los problemas con megaproyectos desmesurados. Ahí está el Transantiago: qué despropósito, qué monstruoso y mesiánico error. Y ya estábamos con las lapiceras listas para firmar acuerdos para la energía nuclear, cuando una catástrofe en otro país nos salvó de una decisión estratégica por lo menos discutible. Ahora es la geografía de nuestro país, que mucho más que un mero capital turístico es nuestra propia alma, la que puede ser irreversiblemente afectada.
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