HABLEMOS DE...

Este Blog fue creado en respuesta a la inquietud y necesidad de poder debatir temas cotidianos que en la vida de cada uno, tienen mayor o menor importancia y dejo en este muro la impresión para que puedas opinar o agregar lo que desees.

domingo, 24 de abril de 2011

Hablemos de la competitividad

Poco se habla de la competitividad en el colegio, la universidad o en el trabajo, sin embargo está presente todos los días en la forma que tenemos de enfrentar nuestra actividad diaria. Las comparaciones, el ganar, el perder, el fracaso, la derrota está presente en nuestra vida y lo aceptamos como parte del desenvolvimiento del ser humano.

Me gustaría detenerme y reflexionar en que muchas veces los procesos de nuestro comportamiento que por años hemos repetido y damos por sentado, no necesariamente son los correctos para avanzar como sociedad.

Citaré a continuación un texto del neurobiólogo chileno Humberto Maturana que afirma lo siguiente:

“Si cualquiera de nosotros entra a un trabajo donde tiene que aprender cómo se hace lo que se hace, y en la partida no se lo explican o la persona que tiene que explicarlo no tiene paciencia, queda atrasado y al final no entiende nada. Eso ocurre si sus dificultades son tratadas como insuficiencias o fallas y no como el proceso natural de estar aprendiendo algo que no se sabe. Todos los seres humanos somos esencialmente inteligentes. Las dificultades del aprendizaje, en general, no son temas de inteligencia, son temas de emoción. 

El matonaje o bullying, en el fondo, es expresión del modo de relacionarse de los adultos, porque vivimos una cultura en la cual pensamos que la discrepancia o los temas de la convivencia se resuelven en la competencia, en juegos de poder. Y los jóvenes aprenden lo que viven los adultos, que se cultiva y se transforma en un hábito, de modo que los niños crecen en el matonaje. ¿Qué pasa que se vive minimizando a otros? Tenemos que preguntarnos eso. Tenemos que reflexionar sobre cómo vivimos los adultos, cómo tratamos nuestros conflictos, cómo abrimos -o negamos- espacios para la colaboración, de manera que los jóvenes se sientan incluidos?

Si yo compito con otro, el otro y no yo es el referente de lo que hago. Entonces la competencia es un acto de desvalorización de uno mismo. Es completamente distinto a la colaboración. No es cierto que la competencia lleve al progreso o al bienestar, eso no es verdad. La competencia lleva al sufrimiento, al desencanto, al dolor en último término. En una competencia deportiva lo importante no es ganar, sino que el otro pierda, pues yo no gano si el otro no pierde. Eso justifica cualquier cosa que yo haga para que el otro sea dañado, esté mal y pierda. Entonces no depende de la calidad de lo que yo hago, sino de la negación del otro.

Si se mira la historia, las situaciones difíciles nunca se resuelven en la lucha y la competencia, sino en la colaboración. El tema está en cómo vivimos. ¿Queremos o no queremos vivir en la colaboración; usar las diferencias no como discrepancias, sino como oportunidades reflexivas que nos permitan resolver temas que de otra manera no se resuelven porque quedan atrapados en la confrontación?”.

sábado, 16 de abril de 2011

Hablemos de la Iglesia Católica

Mucha gente en la actualidad entiende la iglesia como un edificio. Esta no es la definición bíblica de iglesia. La palabra iglesia viene de la palabra griega “Ekklesia” que significa “una asamblea” o “una convocatoria”. La raíz del significado de “iglesia” no es un edificio, sino la gente.

Este año, más que nunca se ha puesto la discusión y la reflexión sobre la mesa en todos los hogares chilenos, debido a los últimos acontecimientos que han sido muy mediáticos como el caso del padre Marcial Maciel y a nivel local el caso Karadima.

Siempre me ha llamado la atención el estilo empalagoso, voz arrastrada de tono poco viril, sin firmeza y nada directo con que algunos sacerdotes y autoridades eclesiásticas elaboran sus prédicas y realizan sus declaraciones. ¿Ese tipo de lenguaje, es el lenguaje de la diplomacia vaticana, caracterizada por un histórico apego a la prudencia?  Esos gestos y actitudes en nuestra cultura representan la paz, la bondad, el perdón y la guía espiritual que todo cristiano busca en su interior y que al mirar al frente, ve a un hombre vestido de sotana blanca a los pies de un imponente altar, todo cuidadosamente limpio y ordenado. Claro, esa imagen concuerda con la figura de un hombre espiritual que guía a sus fieles por el camino de la fe.  

En nuestra cultura, hay dos profesiones que nuestra sociedad sitúa en un peldaño más alto que otras, por la importancia y efecto que producen en las personas; éstas se refieren a la salud. La Medicina y el Sacerdocio. Uno a la salud física, el otro a la espiritual. Por eso, no ha de extrañar que al médico le llamemos doctor y al sacerdote padre; ambos de blanco atendiendo los males del ser humano. Los dos saben que tienen el respeto y admiración de la gente. Cuando uno va al médico no cuestionamos lo que nos recetan, lo mismo cuando pedimos un consejo al padre de la iglesia, no se nos pasa por la mente cuestionar lo que nos dice. Si nos damos cuenta, todas las cotonas blancas de los médicos, al nombre lo precede un “Dr.”, como si se hubiesen doctorado en alguna especialidad, o ¿acaso a un psicólogo, doctorado en psicología de la salud, le decimos doctor? Ésto tiene que ver con la representación que ellos han tenido en nuestra sociedad a través del tiempo.

El mundo ha ido observando muy atentamente la crisis por la que pasa la iglesia Católica desde el año 2002, con el estallido de escándalos de abusos sexuales de sacerdotes a sus fieles en EE.UU. e Irlanda. Por eso, los medios de comunicación chilenos han volcado toda su atención en los hechos que han ocurrido y siguen ocurriendo aquí, siendo uno de los tres países católicos más ortodoxos del mundo. Van saliendo a la luz declaraciones cada vez más fuertes en televisión.

En consecuencia, estos hechos han provocado una herida profunda en las víctimas de abusos y a los hombres y mujeres de fe. Aquellos sacerdotes tienen una doble responsabilidad: entregar la palabra de Dios a través de su prédica y el recibir a los fieles en el confesionario. Es decir, son guía espiritual y ejemplo de vida en la fe. Eso se ha derrumbado. Y ha ocurrido así, porque esos sacerdotes que han cometido abusos, han sido encubiertos por obispos, cambiándolos de parroquia, hechos ocurridos en EE.UU., Irlanda, Brasil, volviéndose un patrón común protegiendo el nombre de la iglesia (“el bien mayor”) y no a las víctimas, como también la iglesia las ha llamado “los afectados”. Han silenciado a las víctimas cuando se han acercado a comentar esos abusos a otros sacerdotes u obispos, quienes han aducido el secreto de confesión, por lo que ni el “pecador” que lo comenta, ni el mismo clérigo no deben hacerlo público. La Iglesia Católica critica el accionar de la magistrado Jessica González por la incautación de la investigación eclesiástica en contra del sacerdote Fernando Karadima, realizado por efectivos de la PDI quienes incautaron el expediente desde la oficina del abogado Juan Pablo Bulnes, que asesora al sacerdote. Si tomamos atención a estos hechos, puedo reflexionar que, por un lado la Iglesia Católica ha incautado la tristeza, impotencia y los crímenes cometidos por sacerdotes, silenciando a las víctimas y la magistrado González ha incautado el expediente de Karadima desde la oficina de su abogado, donde aparecen otros delitos que el mismo sacerdote cometió a otras víctimas, que sólo confirman la habitualidad de su comportamiento. Uno protege a toda costa el “buen nombre” de la iglesia Católica y el otro investiga la verdad para que tanto Karadima como las víctimas tengan un juicio transparente y justo.

La pregunta que los católicos se hacen es: Si no podemos confiar en los sacerdotes ¿en quién? Los valores, la moralidad, la entrega, se ha desmoronado. Sabemos que no debemos generalizar, pero a ellos, los católicos los consideran los representantes de Dios en la tierra.

Citaré una bella metáfora bíblica, pero que esta vez aparece en la cuna de aquellos que han guiado el espíritu de los fieles: Deberán “volver a nacer” para que sus fieles vuelvan a creer en la Iglesia Católica”.